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El impacto de la destitución de Dilma Rousseff

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Este año, una de las noticias más impactantes a nivel mundial fue el proceso de impeachment en contra de la ex presidenta de Brasil, Dilma Rousseff.

Desde hace algunos años, la población brasileña ha mostrado cierto descontento frente a las condiciones que atraviesan como nación, se habla de un claro aumento en la pobreza extrema, la constante crisis económica que atraviesan, escasez en servicios primarios, entre otros asuntos que no dejan tranquilos a los brasileños. Algún tiempo antes de empezar el mundial celebrado en ese país, en 2014, la gente se ensañó más con el gobierno, ya que organizar una Copa Mundial de Fútbol, ahora es una gran carga económica y no un beneficio como muchos creen.

No obstante, teniendo tantos eventos que habían alimentado el disgusto de los brasileños, se filtró información sobre una red de corrupción gubernamental, encabezada por la entonces presidenta, Dilma Rousseff, donde, inicialmente, se destapó el escándalo de sobornos recibidos por parte de la compañía petrolera, Petrobras. Además, se le culpó de recibir estímulos ilegales durante su campaña de reelección y de poner en libertad a empresarios involucrados en el escándalo con Petrobras. Aun así, estas agravantes no fueron las causas principales del juicio de impeachment en su contra, sino que la acusación central contra la exmandataria en el Congreso fue que violó normas fiscales, maquillando el déficit presupuestal. El argumento es que esa práctica está prohibida por una ley de Responsabilidad Fiscal, pero el gobierno lo hizo de todos modos para exhibir mayor equilibrio entre ingresos y gastos.

Así inició un proceso jurídico en contra de Dilma Rousseff que duró poco más de 4 meses y medio, dando como resultado la destitución definitiva de su cargo, el pasado 31 de agosto, obteniendo el cargo hasta las elecciones de 2018, Michel Temer, quien fungía como vicepresidente.

Un evento tan destacado en la política actual, deja un panorama incierto dentro y fuera del país.

Primero, el eje económico de Brasil sufrirá un cambio significativo, encaminado a la privatización y el otorgamiento de concesiones en el sector energético, de transportes y comunicaciones, así como una nueva reforma laboral y al sistema de jubilaciones y pensiones.

Segundo, el mapa político en América Latina cambiaría, provocando un quiebre histórico en la región. Esto gracias a que el gobierno se dirige nuevamente a la derecha y centroderecha, lo que resultó en el descontento, ya manifestado, de varios gobiernos de la región, como el de Bolivia, Cuba, Ecuador, Nicaragua y Venezuela.

Por último, el enfoque del Mercosur (Mercado Común del Sur), sobre el cual se prevé que el nuevo gobierno no dará la importancia necesaria, además de la latente posibilidad que Venezuela, quien tiene la actual presidencia de la unión aduanera, congele las relaciones comerciales con Brasil, considerado éste como el problema más severo al que se enfrentan, ya que se cerrarían las relaciones con América Latina.

Un duro golpe a la crisis económica que atraviesa el país, la cual se mantendrá en la misma tendencia a la baja. El nuevo gobierno deberá enfocar sus esfuerzos para que la economía no colapse.

Imagen de Univisión

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